Testimonio de Javier y Cristina Herranz Imprimeix Correu electrònic

Text i foto: Fidel Masreal

 

“Ya no tenemos a los abuelos vivos, y el voluntariado nos está permitiendo recuperar el contacto con toda una generación. Es una manera de descubrir una parte del país y de Barcelona que no conocíamos ". Esta es una de las motivaciones de los hermanos Cristina y Javier Herranz, de 36 y 32 años, para seguir apoyando a personas mayores de Amics de la gent gran como voluntarios en tertulias y meriendas colectivas. "Cuando estás con ellos se te olvida todo, de tan bien como lo pasas y como ayudas, es una actividad absolutamente diferente a cualquier otra", describen. "En principio es un favor a los demás, pero también eres tú quien sacas satisfacciones personales y conocimientos de la historia contemporánea, vivencias de la guerra civil y la posguerra en una gran ciudad, como las colas que se hacían en la panadería para que les dieran un trozo de pan, historias de pobreza extrema ", añade Javier.

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Todo empezó hace dos años, cuando las ganas de estos dos investigadores -en biología química ella, en matemáticas él- se encontraron cara a cara con una de esas campañas de promoción en la calle de Amics de la Gent gran, en el barrio de Gracia de Barcelona. Javier lo comentó a su hermana y no hizo falta nada más. Hoy son dos de los voluntarios más activos y convencidos del colectivo. Y justifican con mucha naturalidad su decisión: "Tienes un trabajo que te permite unas horas libres y está bien ayudar a otra gente que lo necesita", dice ella. "Cuando sales de la tertulia tienes la sensación de haber hecho una buena obra y eso le recompensa, porque te das cuenta que ayudas a alguien que lo está pasando mal, y le has hecho un favor inmenso", argumenta él.

 

"Siempre un ratito más con ellas"

En las tertulias se habla de todo "y enseguida cogen confianza y cuando llega la hora de partir, alargas un rato más porque quieren seguir hablando", dice Javier. En cuanto a las meriendas, donde participa Cristina, también se acaba entrando en conversaciones íntimas: "Ellas a menudo están deseando hablar de su vida, sus problemas, y a menudo se emocionan. Aunque también nos divertimos mucho! ". En estos encuentros se programan diferentes actividades, juegos de memoria para dinamizar la reunión, musicoterapia... o sencillamente charlar. "Cuando acabas estás contenta pero también piensas: estas mujeres en casa otra vez y a esperar unos meses hasta el próximo encuentro". "Hay mujeres que no salen de casa, son viudas y sin hijos... y depende del día que yo tenga, también. Intentas animarlas, pero si te cuentan que tienen hijos y no les vienen a ver... es difícil para nosotros, también. Hay gente que abandona a sus padres! ", dice indignada Cristina.

Javier también lo vive: "En las tertulias que hacemos nosotros, en grupos de cuatro voluntarios cada dos semanas, hay casos que te llegan muy dentro, como una señora que se puso a llorar, que nos dijo que estaba muy sola y nos pidió que fuéramos más a menudo... me dio mucha pena, pero ante ella no quise que me notara emocionado, tienes que disimular".

 

"No entiendo a quien da la espalda a su familia"

Para estos dos hermanos, estas actitudes están al otro extremo de sus principios. "No entiendo cómo hay gente que da la espalda a su familia, nosotros con nuestros padres no lo haremos nunca", afirma Javier. Se trata de casos de aislamiento, que es más que soledad, aún. Ni llamadas, ni visitas, y con hijos en Barcelona que no se hacen cargo de estas abuelas. Casos de mujeres muy pegadas a la tele, o a la radio si ya les falla la vista. Muchas horas solas, y si están un poco débiles de salud, ya no se atreven a salir a la calle. Esto genera "un círculo vicioso de cierre", denuncia Javier. "Algunas sólo salen en las tertulias que hacemos, vamos a buscarlas y las llevamos al local", añade su hermana.

 

"Hazte voluntario: te lo puedes permitir"

Saben que algunos de estos abuelos sólo tienen la opción de obtener la compañía de los voluntarios en tertulias y meriendas, a veces sólo cada cuatro o cinco meses, por lo que el anhelo de Cristina y Javier es que "ojalá hubiera más voluntarios ". Esto significaría, automáticamente, que habría más personas mayores con amigos, más conversaciones intergeneracionales, más emociones compartidas, menos aislamiento y más agradecimiento y beneficio compartido.

Cristina se dirige a otros jóvenes que estén pensando en hacerse voluntarios: "De entrada tenéis que tener un interés en el voluntariado. Si no, que no lo hagáis. Pero recordad que las personas mayores son los grandes olvidados". Y desde el punto de vista práctico, Javier añade: "No creas que será un gran estrés de tiempo, te lo puedes permitir perfectamente, son dos horas cada dos semanas".

Dos horas durante las cuales, siguiendo el hilo de las vivencias de Cristina y Javier, todo cambia: el tiempo, las prioridades, la manera de ver a los abuelos, el pasado y el presente más inmediato. Un presente en el que al menos hay dos hermanos convencidos de lo que hacen y seguirán ayudando y recibiendo a cambio estas experiencias profundas, directas, íntimas y llenas de humanidad.

 
 

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